EL 50º ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA FACULTAD DE CIENCIAS.
UNA HISTORIA DE ÉXITO
Fernando Orellana Ramos, Antonio Heredia Bayona y José Becerra Ratia
Publicado en el Blog de la Academia Malagueña de Ciencias.
La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) ha homenajeado a la Facultad de Ciencias (FC) de la Universidad de Málaga durante 2024, con motivo del 50º aniversario de su creación, mediante la entrega de su distinción más preciada, la Placa de Honor, y dedicándole varios actos dentro del “Mes de la Ciencia”, dos exposiciones y varias conferencias y coloquios celebrados durante el mes de diciembre en la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), con gran éxito de asistencia de público. Este artículo pretende cerrar esta efeméride con unas breves reflexiones sobre el particular.
La Facultad de Ciencias se creó solo 2 años después de la propia Universidad de Málaga (UMA), tras la de Económicas y Medicina, y a la par que la de Filosofía y Letras. Esto significa que en muy poco tiempo la UMA, no sabemos si con intención o de forma azarosa, puso en marcha un “bloque temático” fuerte que debería orientar su destino en los años posteriores y sentar las bases para un futuro próspero de la misma. En los años siguientes se fueron añadiendo nuevos centros hasta completar el profuso listado actual. La precariedad con la que se crearon aquellos centros, salvo el primero que ya traía un notable bagaje seguido como parte de la Universidad de Granada, no fue ni mucho menos un inconveniente para alcanzar una plenitud notable en poco tiempo.
La creación de la FC sobre los cimientos del Colegio Universitario fue un proceso apasionante en el que, los jóvenes que habían forjado aquella realidad palpable, en un edificio prestado por las entidades locales en el barrio de la Misericordia, aunque con una alta dosis localista, se adaptaron a la corriente nacional e internacional que suponía el nuevo aire de la llegada de profesores de los cuerpos nacionales, que venían con historias profesionales más ricas.
Aquello obligaba a convivir en una nueva realidad, una realidad más lógica y homologable, pero diferente, que auguraba un resultado satisfactorio, siempre que la integración de lo nuevo y lo anterior fuese posible.
Año 1987. Visita de Severo Ochoa a la Facultad de Ciencias. De izquierda a derecha: José Becerra, Alfredo Asensi, Ignacio Núñez de Castro y Severo Ochoa.
En aquella época las universidades no participaban en la selección de su profesorado, como sí ocurre ahora. Entonces las universidades creaban las plazas de catedráticos y adjuntos que creían necesitar, dentro de los márgenes que el ministerio les imponía, y el Boletín Oficial del Estado, pasados los meses, les “enviaba” a las personas de esos cuerpos que, por diferentes razones, cada uno con las suyas, se interesaban por aquellas plazas. Esas diferentes razones podían ser, una legítima posibilidad de acceso a cátedra o un deseo expreso de venir a esta ciudad, del sur, con escasa tradición universitaria, a contribuir a su crecimiento y al desarrollo de su jovencísima universidad, a través de unas oposiciones convocadas a tal efecto, y celebradas en Madrid.
Con la vista puesta en aquellos años, estamos seguros que nuestra facultad tuvo mucha suerte en aquella “lotería administrativa” y, por unas u otras razones, aquí se asentaron un grupo de profesores de extraordinaria valía, de Biología, de Matemáticas, de Física o de Química, que lideraron este proyecto con mucha fuerza y alta eficiencia, y todos ellos son hoy padres y abuelos de hijos y nietos malagueños que han contribuido al desarrollo de Málaga y al crecimiento de su Universidad.
Y así fueron pasando los años en los que las tesis doctorales brotaban en todas las especialidades a buen ritmo, los profesores jóvenes viajaban a Madrid y volvían con nuevas plazas de profesores numerarios, y pasamos de la dictadura a la transición política en España y nos dotamos de una nueva Constitución, y crecíamos, y aumentaban las necesidades de laboratorios y aulas en un entorno económico nacional muy difícil, con grandes necesidades y gran precariedad presupuestaria. Hasta que, once años después, en 1985, pudimos contar con un nuevo edificio en el Campus de Teatinos, donde la UMA se abría camino en una Málaga, alejada todavía de lo que es hoy, pero en la que se construía el futuro a pasos agigantados, y la universidad adquiría cuerpo y notoriedad social en una ciudad que miraba casi exclusivamente al turismo como fuente de progreso, pero que iba entendiendo, poco a poco, que la educación y la cultura eran piezas imprescindibles para el progreso ciudadano, quizás porque tuvimos la suerte de contar con dirigentes locales con conocimiento y altas ambiciones para un futuro brillante. Justo es recordar ahora que el proyecto del edificio de la nueva FC se materializó siendo ministro del ramo el Prof. D. Federico Mayor Zaragoza, recientemente fallecido, lo que proporcionó a la facultad ventajas añadidas en la construcción del edificio.
El traslado de nuestra facultad al nuevo campus, coincidió, más o menos, con el inicio de una nueva etapa normativa universitaria que cambiaba radicalmente la gestión académica. Hasta esta época las universidades seguían rigiéndose por las leyes de la dictadura, con “parches democráticos”, insuficientes, que producían intensas distorsiones en la convivencia académica. El fuerte aumento demográfico anterior incrementaba notablemente el número de alumnos que accedían a la universidad, lo que hacía crecer el número de profesores de forma extraordinaria, pero sin una correspondencia justa en la estabilización laboral de los mismos, creándose un colectivo numerosísimo que se conocía por lo que no era, en vez de por lo que justamente representaba. Los profesores “no numerarios”, los famoso PNNs, llegaron a constituir un grave problema de convivencia académica en toda España, al que la UMA no se sustrajo.
La publicación y desarrollo en aquellos años de la Ley de Reforma Universitaria (LRU) que, con sus luces y sus sombras, marcaría la modernización de la institución para los siguientes decenios, propició la necesaria estabilización del profesorado hasta cotas insospechadas. Como muestra baste indicar que el colectivo de profesores adjuntos, primer nivel de profesores funcionarios estables, contaba hasta entonces con unos 4.000 miembros en toda España y como consecuencia de la puesta en marcha de la LRU, en un solo año, pasó a contar con más de 16.000 al inicio de aquella andadura.
Aquella ley, aparte de esta estabilización laboral del profesorado, tenía varios detalles que fueron primordiales para nuestra facultad. Uno era que consagraba la plena capacidad docente e investigadora para los catedráticos y, novedosamente, también para los profesores titulares, los anteriores adjuntos. A partir de entonces los catedráticos que tuvieron liderazgo científico, siguieron ejerciéndolo en sus grupos, pero los que carecían de esa cualidad, no pudieron impedir que los más jóvenes buscaran su sitio en la institución, a través de sus proyectos de investigación que empezaron a financiarse con generosidad por medio del Plan Nacional, la Junta de Andalucía y, poco después, también de la Unión Europea.
Facultades como la nuestra repleta de profesores muy jóvenes por el referido aumento demográfico, en una ciudad pujante como ya era Málaga, se vieron especialmente beneficiadas por el nuevo sistema. En pocos años todo el que tuvo un proyecto consiguió financiación para desarrollarlo. Y eso cambió la dinámica en nuestra Facultad que, además, contaba con nuevos y amplios laboratorios y equipamiento científico. Sin duda fueron años de notable crecimiento y fortalecimiento.
Otro detalle de la LRU que favoreció significativamente esta dinámica, fue la nueva manera de acceso a los cuerpos nacionales del profesorado. Esta ley eliminaba el concepto y la rutina anterior, a través de la cual, 5 profesores, casi siempre catedráticos, se reunían en Madrid para decidir los profesores que iban a las universidades de toda España. O sea, las viejas oposiciones que venían de muy antiguo y que solo entonces dejaron de existir. A partir de la LRU las universidades, partiendo de sus departamentos, adquirían protagonismo y autonomía en la gestión de las plazas de su profesorado. Quienes no conocieron el sistema anterior no pueden imaginar el cambio que eso supuso.
Todo esto incentivó el trabajo experimental en nuestra facultad y, en poco tiempo, se empezaron a notar los resultados que, desde entonces hasta ahora, solo han hecho aumentar día a día. Si hemos de medir la realidad de la aportación de una institución universitaria por el número de tesis doctorales defendidas, los trabajos científicos publicados en revistas indexadas, la presencia de sus científicos en los rankings internacionales, los fondos atraídos de fuentes de financiación públicas o privadas, nacionales e internacionales, el número de incentivos de investigación conseguidos por sus profesores (sexenios) en evaluaciones externas contrastadas, etc., etc., la Facultad de Ciencias de la UMA ocupa un lugar muy destacado en cualquier contexto que se considere. La participación de profesores de la FC en iniciativas nacionales e internacionales de estructuras de colaboración científica, la creación de institutos de investigación como el IBIMA, Bionand, IHSM y otros han contribuido a que se considere a la misma como un centro de vanguardia investigadora en muchos temas y líneas de investigación y desarrollo.
Todo lo anteriormente reseñado y recordado ha sido puesto de manifiesto en el último trimestre del año 2024 con la ayuda y soporte de la Academia Malagueña de Ciencias. La AMC, siempre ligada a la FC, desde su fundación, a través de personas, colecciones científicas cedidas y proyecto divulgativos, ha querido contribuir a la puesta en valor, y a su presentación en el corazón mismo de la ciudad, de una institución académica que goza de general respeto y admiración. La asistencia a los actos celebrados, las visitas a las páginas webs que los resumieron y la visita directa de más de 4500 personas a la exposición homenaje así lo corroboran. Es de justicia resaltar cómo la Facultad de Ciencias en estos últimos meses y actos ha estado arropada por la actual dirección académica de la UMA y por los dirigentes de muchos de los Centros de la misma. Una presencia y apoyo inolvidables para todos los que hemos participado en su organización.
Los autores del artículo posan a la entrada de la Facultad de Ciencias junto al panel de la celebración del 50 Aniversario de dicha facultad. De izquierda a derecha: Antonio Heredia Bayona, Fernando Orellana Ramos y José Becerra Ratia.
Por último, no debemos olvidar a los protagonistas auténticos de los 50 años de nuestra Facultad, los estudiantes. A los más de 11.500 estudiantes, licenciados, graduados y doctorados, que han pasado por sus aulas hemos querido dedicar este esfuerzo organizativo. Ellos fueron, son y serán siempre la mejor promesa de futuro de la misma. Somos conscientes, aunque no siempre se reconoce, que a la par de ser los beneficiaros del progreso y nivel actual de la Facultad de Ciencias también han tenido que soportar los lógicos claroscuros que toda historia humana padece a lo largo de su trayectoria. A todos ellos, como al personal técnico y de gestión que con tanta entrega trabaja en el centro, gracias.
*Fernando Orellana Ramos, es Dr. en Medicina y presidente de la AMC
Antonio Heredia Bayona, es Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la UMA y académico de número de la AMC
José Becerra Ratia es Catedrático de Biología Celular y Profesor Emérito de la UMA y vicepresidente de la AMC